En un mundo obsesionado con pantallas, Michel Navas nos recuerda por qué la relojería siempre será eterna.
En una industria donde el lujo muchas veces se comunica a través de cifras, exclusividad y campañas cuidadosamente calculadas, todavía existen figuras que recuerdan que la relojería nació mucho antes del marketing. Michel Navas pertenece a esa generación de relojeros cuya legitimidad no proviene del espectáculo, sino del banco de trabajo.
Durante una conversación realizada dentro de Kogan Luxury House, quedó claro que su relación con la relojería sigue estando profundamente conectada con el oficio y no únicamente con la industria del lujo que hoy rodea a los grandes nombres de la alta relojería. Lejos de cualquier discurso corporativo prefabricado, Michel Navas habló como alguien que todavía piensa en engranes, tolerancias y construcción mecánica antes que en exclusividad o marketing.

Su trayectoria atraviesa algunas de las etapas más importantes de la relojería contemporánea. Desde sus primeros años trabajando en reglaje y complicaciones mecánicas, hasta su paso por Patek Philippe y posteriormente Franck Muller, Michel Navas formó parte de una generación que ayudó a reconstruir el prestigio de la relojería mecánica después de la crisis del cuarzo. En un momento donde el futuro parecía pertenecer exclusivamente a la precisión electrónica, estos relojeros defendieron algo más difícil de explicar: la permanencia emocional de los mecanismos hechos a mano.
Su etapa en Franck Muller coincidió con una época particularmente importante para la relojería creativa. Complicaciones como el Crazy Hours ayudaron a demostrar que un reloj podía seguir siendo técnicamente serio sin dejar de ser inesperado, teatral e incluso divertido. Alterar la manera tradicional de leer el tiempo no era solamente una provocación estética; era una forma de recordarle a la industria que la relojería todavía podía sorprender.

Más adelante, junto con Enrico Barbasini, Navas cofundó La Fabrique du Temps Louis Vuitton, manufactura que terminaría transformando profundamente la percepción de Louis Vuitton dentro de la alta relojería contemporánea. Lo que inicialmente muchos consideraban una incursión superficial de una marca de moda terminó convirtiéndose en una de las plataformas creativas más interesantes de la industria. La Fabrique du Temps no buscó replicar el lenguaje tradicional de las manufacturas históricas; desarrolló uno propio: más experimental, más narrativo y profundamente enfocado en la emoción mecánica.
Sin embargo, quizá lo más interesante de Michel Navas no sea únicamente la relevancia histórica de los relojes que ayudó a desarrollar, sino la sencillez con la que todavía habla del oficio. En la conversación dentro de Kogan Luxury House nunca apareció el tono grandilocuente que suele rodear al lujo contemporáneo. Su discurso seguía orbitando alrededor de problemas mecánicos, soluciones técnicas y pasión artesanal. Incluso después de décadas dentro de algunas de las manufacturas más importantes del mundo, continúa transmitiendo la humildad de alguien que sigue pensando como relojero antes que como figura pública.
Eso explica por qué existe tanto respeto alrededor de su nombre dentro de la industria. Michel Navas representa una figura cada vez más escasa: la del constructor auténtico. Un artesano que entiende que detrás de cada gran reloj no solamente existe diseño o exclusividad, sino años enteros de experimentación, paciencia y obsesión silenciosa.
En un mundo efímero y digital, Michel Navas nos recuerda que la verdadera eternidad todavía puede construirse lentamente a mano.
