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FESTÌN DE CONCHAS EN LOCAL 777

En las profundidades de la Ciudad de México, donde el asfalto susurra promesas urbanas, Local 777 se convierte en un refugio efímero del mar. Del 21 de febrero al 1 de marzo de 2026, el 2do Festival de Conchas despierta los sentidos con un canto al ostión, ese tesoro bivalvo que late con la sal del Pacífico y la memoria de las costas mexicanas.

En el centro de esta oda marina, late el producto de Comercializadora El Sargazo (sargazo.com), guardiana incansable de los mares. Desde sus orígenes responsables, El Sargazo selecciona con devoción alimentos de fuentes sustentables, tejiendo una cadena que honra al productor, al ecosistema y al paladar. Sus ostiones —Pai Pai, Chingón y Sol Azul— no son meros ingredientes: son poemas vivos del océano, cultivados en aguas puras como la Laguna Ojo de Liebre o las costas de Guerrero Negro y Ensenada, bajo estándares que preservan la vida marina. Cada concha llega fresca, trazable, cargada de la brisa salina y el compromiso con un futuro azul.

Ostión Chingón, excepcional entre excepcionales, nace en la reserva de la biosfera Ojo de Liebre, bajo un cultivo especial de bolsas y racks que permite un crecimiento individual y cuidado. Su concha tallada, de talla ampliada, revela una evolución interior: sabor único de brillante salinidad con notas dulces, acabado suave y textura firme, carnosa. Es el ostión que susurra grandeza, fruto de un manejo que eleva cada pieza a experiencia sublime.

Regina Logar, la promesa itinerante de La Cevichería, trae el fuego vivo de su creatividad: 

Ostión fresco bañado en salsa macha ardiente, miel de agave que gotea como sol dorado y manzana ahumada que evoca hogueras costeras. 

Almeja chocolata a las brasas, envuelta en crema de Roquefort cremosa, tocino crujiente y brioche suave, un abrazo terroso al bivalvo profundo.

El Ostión Sol Azul emerge como joya compacta y resistente: bordes duros, valva superior plana, interior nacarado de un liso perfecto. Su músculo beige con orilla café entrega un sabor ligeramente salado, una textura sedosa y una estacionalidad generosa que lo hace disponible todo el año. Es el susurro puro del mar, versátil para ser devorado crudo, al vapor o en creaciones audaces.

Manuel Victoria, maestro de la cocina española en Ajoblanco, infunde elegancia europea al producto mexicano: 

Ostra Sol Azul coronada con granizado de Bloody Mary, frescura helada que despierta los sentidos con picor y tomate. 

Abulón en emulsión de mantequilla y soya, seda umami que acaricia la nobleza del molusco.

El Ostión Pai Pai, conocido como el del Pacífico o japonés, ofrece consistencia firme y textura untuosa. Con concha inferior cóncava y superior convexa, guarda toques oceánicos profundos que culminan en un final dulce sorpresivo. Almacenado entre 4 y 8 °C, llega desde aguas aprobadas, disponible la mayor parte del año, recordándonos que la suavidad puede ser tan poderosa como la fuerza.

Bajo la batuta del chef residente Erick García, nativo de Ensenada y alma de Local 777, estos tesoros de El Sargazo se transforman en versos comestibles, con su maestría en productos del mar y técnicas heredadas de la costa bajacaliforniana, orquesta un menú donde la frescura dialoga con la tradición.

Y el propio Erick García cierra el círculo con homenajes a su Ensenada: 

Ceviche de almeja Pismo danzando en salsa de chiltepín picante, aceite de oliva virgen, cebolla crujiente y pepino fresco, un estallido de acidez y mar. 

Crema de choros (mejillones) con papas a la francesa, terciopelo marino que reconforta y eleva.

Acompañados por las cervezas artesanales VALTA, que no compiten sino que realzan —la Pilsner Clara ligera para el mar, la Altbier Ámbar equilibrada, la Schwarzbier Oscura tostada para intensidades—, cada bocado en Local 777 es un acto de gratitud. Gratitud al océano, a El Sargazo por traerlo con honor, a los chefs por transformarlo en poesía efímera.

Ven al festival. Deja que el mar te hable a través de estas conchas. En cada ostión Pai Pai, Chingón o Sol Azul late el pulso sustentable de México, y en Local 777 se convierte en verso inolvidable.

Texto: Ursulino Rueda Fotografía: Esteffanía Albarrán

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